Economía y Mercado
Ecología y economía de la minería
EDUARDO GUDYNAS | COLUMNISTA INVITADO
En estos días se abre para Uruguay la oportunidad de discutir con calma cuál debería ser su estrategia minera. Un ingrediente ineludible en esa reflexión es aprender de los errores y éxitos de otros países que se dedican a la minería.
A nuestra disposición están los vecinos tradicionalmente mineros, como Chile, Perú y Bolivia, a los que se han sumado, por ejemplo, Argentina y Colombia. Sin olvidar que Brasil es ahora un gigante minero, con una producción acumulada que supera a esos otros. Las comparaciones deben ser rigurosas, ya que lo que más interesa no es la clásica explotación subterránea, sino la llamada gran minería a cielo abierto, basada en enormes canteras.
Toda esta problemática desemboca en que varios países estén comenzando a subir el umbral del deterioro que están dispuestos a aceptar a cambio de los beneficios económicos de exportar minerales. La novedad es que algunos entienden que esos impactos pasan a ser intolerables y deciden prohibir la minería a gran escala a cielo abierto (por ejemplo, Costa Rica acaba de hacerlo). Es más común que sean las autoridades subnacionales las que están imponiendo moratorias a la minería, como sucede con varios departamentos en Perú o provincias en Argentina. En esos casos el factor clave es que, después de la bonanza de la inversión inicial, son los gobernadores, alcaldes o intendentes los que terminan sufriendo los impactos y el descontento social y, por ello, optan por rechazar nuevos emprendimientos.
EXTRACTIVISMOS. El debate actual sobre el extractivismo no apunta a prohibir cualquier tipo de minería. Su objetivo es llevar adelante aquellos proyectos realmente necesarios, y aceptar únicamente los que cumplan con adecuadas exigencias sociales y ambientales. Por este tipo de razones, es útil distinguir tres tipos de emprendimientos:
El llamado extractivismo depredador, posee impactos ambientales inaceptables, se externalizan los costos sociales y ambientales, las condiciones laborales son malas, y se expresa en una típica economía de enclave proveedora de materias primas, que no genera encadenamientos en las economías nacionales.
El llamado extractivismo sensato tiene una escala menor, está bajo un control ambiental y social más efectivo, internaliza los costos sociales y ambientales dentro de la empresa que los genera, el canon es alto y se aplican impuestos a las sobre ganancias. Finalmente, un paso más adelante está el extractivismo indispensable, que cumple todas las condiciones del anterior pero, además, está directamente articulado con las economías nacionales y orientado a un genuino desarrollo.
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